Título: Bajo la misma estrella
Autor: John Green
Precio: 14,80 €
Páginas: 300
Editorial: Nube de tinta
La depresión es un efecto
colateral de estar muriéndose.
-Me da miedo el olvido.
-Llegará un día en que todos
nosotros estaremos muertos -dije-. Todos nosotros.
-Los cigarrillos no te matan si
no los enciendes -me dijo mientras mi madre se acercaba al bordillo-. Y nunca
he encendido ninguno. Mira, es una metáfora: te colocas el arma asesina entre
los dientes, pero no le concedes el poder de matarte.
-Suspendí tres veces el carnet de
conducir.
-Ni que lo jures.
El hecho de que Augustus me
hiciera sentir especial no quería necesariamente decir que fuera especial.
-Dadme un cojín e hilo, deprisa,
que esto tiene que ser un estímulo -añadió Augustus.
-Quiero ser responsable de las
mínimas muertes posibles -le dije.
Cogí el libro de salpicadero.
-¿Qué te parece si te llamo
cuando lo haya leído? -le pregunté.
-No tienes mi número de teléfono.
-Tengo la firme sospecha de que
lo has anotado en el libro.
Sonrió de oreja a oreja.
-Y luego dices que no nos
conocemos.
De modo que, en sentido estricto,
no mentía. Sencillamente, elegía qué verdad decir.
-A veces la gente no es
consciente de lo que está prometiendo -añadí.
-Pero creo en el amor verdadero.
¿Tú no? Creo que no todo el mundo puede conservar sus ojos, o no ponerse
enfermo, o lo que sea, pero todo el mundo debería tener amor verdadero, y
debería durar como mínimo toda la vida.
No tenía ningún jarrón, así que
saqué el cepillo de dientes del vaso, lo llené de agua hasta la mitad y dejé
las flores allí, en el cuarto baño.
-Que soy como… como una granada,
mamá. Soy una granada, y en algún momento explotaré, así que me gustaría que
hubiera el menor número de víctimas posible, ¿vale?
Parecía más bien una enferma
profesional, como yo, lo que hizo que me preocupara el hecho de que cuando yo
muriera sólo pudieran decir de mí que había luchado heroicamente, como si lo
único que hubiera hecho en mi vida hubiera sido tener cáncer.
Pero cogí al idiota de Bluie y lo
abracé mientras me dormía.
Intenté de decirme a mí misma que
podría ser peor, que el mundo no era una fábrica de conceder deseos, que estaba
viviendo con cáncer, no muriéndome de cáncer, que no debía dejarle que me
matara antes de tiempo, y entonces empecé a murmurar <<idiota, idiota,
idiota, idiota, idiota, idiota>> una y otra vez, hasta que el sonido
anuló su significado.
-Columpios buscan hogar -le
contesté.
-Columpios desesperadamente solos
buscan un hogar feliz -dijo él.
-Columpios apedofilados que se
sienten solos buscan culos de niños -dije yo.
Se rió.
Mientras leía, sentí que me
enamoraba de él como cuando sientes que estás quedándote dormida: primero
lentamente, y de repente de golpe.
-¿Por qué la comida del desayuno
es comida para el desayuno? -les pregunté-. ¿Por qué no podemos desayunar un
curry?
-No es fácil consolarte -me dijo
Augustus.
-El consuelo fácil no consuela
-le contesté.
-Ha sido un beso de amiga -le
contesté.
Y me giré para besarla también a
ella en la mejilla.
-Algunos turistas creen que
Ámsterdam es la ciudad del pecado, pero en realidad es la ciudad de la
libertad. Y en la libertad casi todos encuentran el pecado.
<<Las Lancaster no
enseñamos la barriga>>.
-Bien -me dijo.
-Bien -le respondí.
-La gente se acostumbra a la
belleza.
-Una guerra -contestó con
desdén-. ¿Con qué estoy en guerra? Con mi cáncer. ¿Y qué es mi cáncer? Mi
cáncer soy yo. Los tumores forman parte de mí. Sin duda forman parte de mí
tanto como mi cerebro y mi corazón. Es una guerra civil, Hazel Grace, y ya
sabemos quién la ganará.
-Si vas al Rijksmuseum, y la
verdad es que yo quería ir… Pero para qué vamos a engañarnos. Ninguno de los
dos puede recorrer todo un museo… En fin, eché un vistazo a la colección online
antes de venir. Si fueras, y espero que algún día vayas, verías muchos cuadros
de muertos. Verías a Jesús en la cruz, a un tipo al que le pegan una puñalada
en el cuello, a gente muriendo en el mar y en batallas, y todo un desfile de
mártires. Pero NI UN SOLO CHICO CON CÁNCER. Nadie palmándola de peste, viruela,
fiebre amarilla y cosas así, porque la enfermedad no es gloriosa. No tiene
sentido. Morir de enfermedad no es honorable.
-La ignorancia es la felicidad
-le dije.
Buscó a tientas la mano de Gus;
sin embargo, encontró el muslo.
-Tengo novia -le dijo Gus.
-Gus, te quiero.
-¿Qué es eso? -me preguntó.
-¿La cesta de la ropa?
-No, al lado.
-No veo nada.
-Es mi último trozo de dignidad.
Es muy pequeño.
-Joder, Augustus, tienes que
corregir hasta los discursos de tu funeral -dijo por fin.
-No digas tacos en el corazón de
Jesús literal -le contestó Gus.
-Joder -repitió Isaac.
<<El dolor es como una
tela: cuanto más fuerte es, más valor tiene>>.
-Hazel, vas a cenar. Tienes que
mantenerte sana.
-¡NO! -grité-. No voy a cenar, y
no puedo mantenerme sana porque no estoy sana. Estoy muriéndome, mamá. Voy a
morirme, y te dejaré aquí sola, y no podrás estar encima de mí todo el rato, y
ya no serás madre, y lo siento, pero no puedo hacer nada, ¿vale?

